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Guardianes de “Una Sola Salud”: El papel del médico veterinario para alcanzar la Meta de cero casos de rabia humana al 2030

Por Dra. Carmen Bonilla de Solís

Veterinaria · Máster en Salud Pública · Profesora de la Facultad de Medicina Veterinaria · Universidad de Panamá

Ilustración sobre el papel del médico veterinario en la prevención de la rabia bajo el enfoque Una Sola Salud.

El 28 de septiembre Día Mundial de la Rabia, se celebra para sensibilizar a la población sobre la prevención y la reducción de su transmisión para alcanzar la meta de su eliminación al 2030. Es el momento idóneo para recordar realidades que a menudo permanecen invisibles en los despachos gubernamentales, pero que definen la seguridad sanitaria de nuestra patria.

Una Sola Salud y la meta “Cero para el 30”

En el siglo XIX, el destacado químico y microbiólogo Louis Pasteur, pionero del desarrollo de la vacuna antirrábica, pronunció una frase célebre: “La medicina cura al hombre; la medicina veterinaria cura a la humanidad”. Con estas palabras, anticipó el concepto moderno de “Una Sola Salud” (One Health), el cual reconoce que la salud humana, salud animal y ambiental están profundamente conectadas y son interdependientes. Dos siglos después, la medicina veterinaria sigue protegiendo la salud pública al prevenir enfermedades que afectan a poblaciones enteras, controlando las zoonosis (enfermedades transmitidas de animales a humanos) y asegurando la inocuidad alimentaria.

Hoy, el mundo avanza bajo el estricto mandato de la Alianza Cuatripartita (conformada por la OMS, la OMSA, la FAO y el PNUMA) con una meta global impostergable: alcanzar la erradicación total de las muertes humanas por rabia transmitida por perros para el año 2030, bajo el lema “Cero para el 30”. Esta iniciativa representa la máxima expresión práctica de la cita de Pasteur, demostrando que proteger a los animales es vital para prevenir las zoonosis, principalmente la rabia en humanos.

Los dos frentes de la rabia en Panamá

Panamá ha sido un referente continental en esta lucha, pero este logro no ha sido fortuito ni obedece a una casualidad de la naturaleza. Es el resultado directo de décadas de un trabajo riguroso e invisible liderado por el gremio médico veterinario dentro de los equipos de salud pública y salud animal. Históricamente, el estatus epidemiológico del país se sostiene sobre dos frentes críticos:

La Rabia Urbana (Canina y Felina): Panamá no registra casos de rabia humana transmitida por perros desde 1973. Este es el resultado directo de campañas sostenidas de vacunación masiva en comunidades y de una estricta vigilancia epidemiológica en barriadas y fronteras, liderada por los médicos veterinarios del Ministerio de Salud (MINSA).

La Rabia Silvestre (Bovina y Quiróptera): El último caso en humanos transmitido por un murciélago ocurrió en el año 2002. El virus de la rabia continúa latente, activo y endémico en nuestras selvas y campos a través de su principal reservorio, el murciélago hematófago (Desmodus rotundus). Los brotes recurrentes en provincias como Panamá Oeste, Coclé, Panamá Este, Darién, Colón, Veraguas y más recientemente Bocas del Toro y Los Santos, evidencian que el peligro no ha desaparecido. Que esta variante silvestre no haya llegado de forma masiva a la población ni a los animales domésticos, se debe a los veterinarios de campo del Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA), quienes ejecutan cercos epidemiológicos y capturas estratégicas en las condiciones geográficas más difíciles. Estas alertas subrayan la necesidad urgente de mantener recursos y vigilancia activa bajo el concepto de Una Sola Salud.

Asimismo, la vigilancia de la vida silvestre por parte de los médicos veterinarios de MiAmbiente resulta fundamental debido al riesgo.

Un llamado a la administración pública

Lamentablemente, el valor de este escudo sanitario suele pasar desapercibido por las autoridades. La ausencia de epidemias de rabia en nuestras ciudades ha generado una falsa sensación de seguridad que puede debilitar las asignaciones presupuestarias, el personal en campo y la prioridad política que merece la vigilancia activa. Se olvida con facilidad que la medicina veterinaria es, en su esencia, medicina preventiva humana.

Por ello, hacemos un llamado firme a la administración pública actual para que reconozca el valor técnico e histórico de los médicos veterinarios de estas tres instituciones clave, tomando acciones concretas para alcanzar la meta del año 2030: Cero casos de Muerte humana por Rabia.

  • El MINSA debe reforzar la vigilancia de las zoonosis, potenciar el control cuarentenario y asegurar la adquisición oportuna de biológicos.
  • El MIDA debe robustecer los programas de asistencia y control del vector silvestre en favor de nuestros ganaderos y la salud rural.
  • MiAmbiente debe integrar de forma prioritaria la ciencia veterinaria en el manejo de la fauna silvestre, especialmente dentro de un entorno afectado por la deforestación y el cambio climático.

Para Panamá, mantener el estatus alcanzado y aportar a la meta mundial del 2030 exige preservar, respetar y financiar la vigilancia tanto de la rabia urbana como de la silvestre. Detrás de cada reporte epidemiológico, de cada jeringa en el campo y de cada diagnóstico de laboratorio, hay un médico veterinario protegiendo la salud de la población.

A todos los colegas que con ciencia y vocación salvaguardan nuestro país de forma silenciosa: ¡Gracias por su invaluable servicio a la patria! Su labor como protectores de la salud animal, humana y ambiental en Panamá es el pilar imprescindible que nos conducirá hacia un futuro libre de rabia.

Dra. Carmen Bonilla de Solís

Veterinaria · Máster en Salud Pública · Profesora de la Facultad de Medicina Veterinaria · Universidad de Panamá

Temas: Rabia · Salud Pública · Una Sola Salud · Zoonosis

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